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Entrevista a Julio Bambill - Para el Suplemento Soy, de Página/12 (2012)



(Parte de esta entrevista fue publicada en el Suplemento Soy de Página 12, el 29 de junio de 2012, bajo el título  "Hablando del asunto")  
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/soy/subnotas/2509-236-2012-07-03.html
Acá la entrevista completa:

La libertad de elegir
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“Yo, hoy tendría que decir que soy homosexual porque elegí a un hombre y también podría decir soy bisexual porque me calientan las minas. Pero tengo que decir que soy yo. Soy.”


“El erotismo no pasa por el culo, por la concha, por la poronga, pasa por un sentir mutuo, por la piel, las caricias, otras cosas. Si no, sería como los perros, vas, la ponés y no existiría todo el resto”.

“No nos hagamos más los boludos con lo que pasa al lado, cuando las redes sociales están constituidas los delincuentes no tienen tanta posibilidad, tanta puerta abierta. Si a mí no me chupa un huevo lo que le pasa al vecino, a mi gente, al chabón que está en la calle, es más seguro. Lo que les pasa a ellos también es responsabilidad mía”. ___________________________________________________________________________________________ 



por María Maratea

Julio tiene 37 años, es actor y director,  y trabaja como diseñador gráfico en el Archivo Nacional de la Memoria -Espacio Memoria y Derechos Humanos (ex ESMA)-. Es militante político en la agrupación La Dorrego de San Telmo. Vive en una casa muy luminosa en Nuñez, con techos de vidrio, terraza, dos gatas y su amor. 
El motivo de la entrevista es hablar sobre bisexualidad.
  
No es muy común escuchar que alguien diga que es bisexual
A uno le cuesta más expresarlo. La bisexualidad en el común está como muy ligada a lo fiestero, a la promiscuidad, hasta suena mal en ese contexto, como si te viniera bien cualquier cosa. En realidad para mí es al contrario, no es que me viene bien cualquier cosa, es que uno tiene la libertad de elegir. Es cuánto uno se anime a experimentar, a darse libertades.  Vos imaginate, hagamos un repaso, los griegos eran bisexuales abiertamente, no tenían ningún problema, de hecho los musulmanes también, hay unas líneas del Corán que dicen “no derrames una gota de semen en el desierto, dásela a tu hermano”, aceptan el sexo entre hombres como un ejercicio, no desde la concepción de lo que para nosotros es gay.  Creo que la represión tiene que ver con una cuestión cultural impuesta desde la religión, de alguna manera, para ejercer un tipo de control. Para mí, la religión cristiana es la transformación del Imperio Romano. Los griegos no tenían problemas, se la bancaban, era una civilización mucho más abierta y cuando el Imperio desaparece y aparece el cristianismo, todo este mito de este gran best seller que es la biblia, se empieza a imponer a través de esa institución, a hacer mella en una forma de pensamiento común, colmar ese orden social histórico del cómo deben ser las cosas. Es un mecanismo de control.

Una cuestión de fe
Lo que tiene la fe es que pone todo en un lugar de incuestionabilidad. Nada se puede cuestionar porque es una cuestión de fe. En nombre de eso se hicieron monstruosidades, en todas las religiones. En nombre de Dios se ha masacrado a media humanidad, han generado millones de kilombos en la psiquis de la gente.

¿Da igual si es hombre o mujer?
A uno le pasa algo con el otro, a nivel piel, a nivel químico, físico. Un amigo, una amiga, quien fuere, alguien por el que vos sentís una atracción, no que se te pare, pero existe una fuerza, una energía de conexión con el otro, que generalmente es la que elegís y la tiene seguro tu pareja cuando la elegiste. Una conexión. Vos fijate que en esto da igual si es hombre o es mujer.
En mi caso tiene que ver con la atracción. No es que yo dije, bueno, a partir de ahora soy homosexual, bisexual o heterosexual. A mí siempre me gustaron los chicos y las chicas de la misma manera. Hay millones de motivos del por qué. Hasta ahora se venía manejando que vos te tenías que hacer cargo solamente de eso porque eras un “defectuoso”. De repente, cuando empezás a dominarlo un poco, te das cuenta de que hay un millón de factores que pueden determinar una homosexualidad, desde lo traumático, desde lo vivencial. Yo creo que hay un factor que va desde lo físico, que tiene que ver con la piel, que va mas allá de la etiqueta sexual, es algo que nos pasa a todos y que nos puede pasar con cualquiera.

¿Nos pasa a todos?
Claro. O no lo viven de esa manera o no se animan a vivirlo de esa manera, o si lo viven se lo cuestionan. No nos olvidemos que estamos hablando de una represión impuesta de muchos años, de lo que está bien y de lo que está mal. Cuando uno se da cuenta de que le gusta una persona del mismo sexo no la pasa bien. Hasta ahora culturalmente estaba mal, eras un enfermo, eras un ciudadano de segunda. Ahora, con la sanción del matrimonio igualitario el hecho de sentir que vivís en un país donde podes vivir más libremente, donde el estado se ocupa de los que menos tienen, uno se siente representado. Por eso milito. Porque la única forma de generar el cambio es participando. Participá donde te guste, donde te sientas cómodo, con la ideología que te valga, que te llene, comprometete. Hay que reconstruir las redes sociales, terminar con el individualismo que se instauró en los '90 y con las dictaduras y con el sálvese quien pueda, donde si te comprometías estabas fuera del sistema o te mataban. No nos hagamos más los boludos con lo que pasa al lado, cuando las redes sociales están constituidas  los delincuentes no tienen tanta posibilidad, tanta puerta abierta. Si a mí no me chupa un huevo lo que le pasa al vecino, a mi gente, al chabón que está en la calle,  es más seguro. Lo que les pasa a ellos también es responsabilidad mía.
Todo lo que sea fanatismo, todo lo que sea aferrarse a algo termina haciendo ruido y quita libertades, me parece. Yo, por ejemplo, hoy tendría que decir que soy homosexual porque elegí a un hombre y también podría decir soy bisexual porque me calientan las minas. Pero tengo que decir que soy yo. Soy.
Hay un trabajo interno de aceptarse, de quererse, de entenderse, de romper con estructuras que no son propias, que son sociales. Hay que hacer un esfuerzo, hay que tener un poco de laburo crítico, de pensamiento crítico, autocrítico, de poder ver qué te pertenece. Pero tenés que preguntarte que querés. Yo quiero esto y a mi me hace bien. Si uno se enamora de un tipo sabiendo que enamorarse de un tipo está mal, hay algo que no lo deja ser feliz. Y se siente culpa. Esa carga es un peso que no te deja ser feliz. Podrás meterte en el gheto hasta la médula con la banderilla del arco iris gritando por la calle soy puto y todo lo que vos quieras, pero internamente hay algo que no te va a dejar ser feliz. Porque esa necesidad es tan grande que es lo que te hace de alguna manera aceptar toda esa carga que te duele. Si vos aceptás que sos diferente por una elección sexual estás alimentando el peso que estás combatiendo desde la igualdad de derechos.
Para el imaginario social el homosexual es el Huguito Araña, el puto promiscuo, el tipo que hace cualquiera, el que no le niega el culo a nadie, el que no discrimina quién le gusta y quién no, el que le va a hacer la vida incómoda a cualquiera que tenga adelante si le gusta. Todos los géneros están calificaditos y todo el mundo se monta en el uniforme de ese género. Desde mi opinión personal estaría bueno hacer un laburo más profundo pero desde la igualdad, no desde la diferenciación.
Tengo mil cosas para defenestrarme que no tienen que ver con la elección sexual. Eso es algo de la intimidad. La persona que tiene una pija en la frente no tiene otra cosa adelante, y siempre estamos atravesados por nuestra sexualidad porque es parte de nosotros. Es como en los noticieros que te ponen en primer plano los policiales: todo es una mierda, todo es solamente policiales.

Todavía se escucha: es una buena mina pero es torta…o, el nuevo compañero es puto
Yo en un momento deje de definirme a través de mi sexualidad. Toda la gente con la que me relaciono sabe que tengo una pareja hombre y que soy feliz. La gente de la calle son extras, es decorado. En el mundo somos trescientos, y siete personas son de alguien, siempre. Esa gente es la que te importa, los demás son los extras de la película.

¿Cómo fue la relación con tu familia?
Yo tuve una familia muy de libro, muy disfuncional. En estos días me encontré con mis viejos, hacía mucho que no los veía y la sensación que me queda es de paz interior conmigo. En la foto que me saqué con ellos, que subí al facebook, puse “No hay una escuela que enseñe a vivir”. Mi viejo se equivocó en millones de cosas y muchas no las perdono, un montón de cosas que decís: la bardeaste demasiado. Uno, desde un lugar propio dice: yo no lo haría y no lo voy a hacer. En la facultad estábamos viendo a Melanie Klein y la profesora en un momento dice que las personas muy creativas tuvieron un sostén afectivo en el momento que lo necesitaban. Y yo soy creativo, entonces lo primero que se me disparó fue, bueno, mi vieja algo bien hizo. Todo lo choto duele, pero a la vez es como eso, que no hay una escuela que enseñe a vivir. Yo no voy a creer en mi viejo de vuelta, ni voy a decir que tengo un viejo maravilloso y hay un montón de viejos hijos de puta, pero hoy puedo verlo desde otro lugar. Sí entender, pero no justificar, no justifico. Como dice René (Calle 13) “perdono pero nunca olvido”.
Con mis viejos lo que me  pasa es que son como son, pero son ellos, de alguna manera esa soledad de yo no aceptar como son ellos y ellos no aceptar como soy yo, genera un vacío.
Y me encontré  en una situación distendida, no es que acabamos de creer en Dios y nos juramos amor eterno, pero hay un poco de paz interior. Entonces, el enojo cede.
A mí me echaron de mi casa a los diecisiete por un ataque de concha de mi viejo, después, a los diecinueve. Me habían dicho que era porque no me importaba lo que pasaba en la casa. Muchos años después, me enteré por el hijo de una compañera de la secundaria, que justo conocía a una vecina del barrio donde yo vivía, que me habían echado de mi casa por puto.
A eso voy, por ahí, lo que uno ve en la distancia es lo que uno puede, ¿no?  Mi viejo no es un tipo que hoy en día se sienta feliz, por ahí sí, no sé porque no lo conozco, pero yo no sé si me sentiría bien en el lugar donde él está hoy en su vida.

¿Qué hiciste cuando te echaron?
Me fui a vivir con mi abuela, después volví porque me pedían que volviera, y me echaron otra vez. Siempre era por kilombos familiares y me decían que me tenía que ir. La segunda vez me echaron por teléfono y mi viejo rompió todas mis cosas, pero todo todo. Ahí me fui a vivir con un pibe que resultó ser un mentiroso, un mitómano. Cuando me separé de él yo había construido en cuatro años un montón de cosas y fue muy fuerte. Después con el tiempo me di cuenta, en el momento no me enteré de los que me estaba pasando, tuve una crisis de identidad, no sabía quién era. Había estado cuatro años con una persona que era una completa mentira. A todo esto, se suman las presiones históricas habidas y por haber, lo que debe ser, lo que está mal y son un montón de planteos. En un momento perdí los documentos y estuve un año y medio sin identidad.

¿No te lo podías hacer de nuevo?
No. No lo hacía. Uno siempre encuentra la excusa: que no tengo guita, que esto, que lo otro… Estuve un año y medio sin identidad y seis meses hecho un trapo viviendo de prestado acá y allá, un poco en lo de mi hermana, un poco con amigos. Estaba muy oscuro, muy deprimido, no conseguía trabajo. En un momento, Chavela, una mujer a quien adoro, la madre de un amigo, me llevó a vivir a su casa. Yo hacía mi vida normal pero estaba muy en pelotas, no sabía bien para dónde ni por dónde, y me fui a vivir unos meses a la casa de ellos que me dieron una contención muy copada. Conseguí trabajo, me alquilé un departamento. Después empezó todo el kilombo del 2001, justo cuando había empezado a trabajar free lance como diseñador gráfico. Como vivía en un tupper no me había enterado mucho de lo que estaba pasando, pero hasta estuve en la plaza y todo. Me había fundido, no me podía bancar el departamento, me quedé sin laburo, mi hermana me prestó un departamento que tenía en venta en Lomas y empecé a ver la televisión por internet. Sentí que no me podía quedar en mi casa, que tenía que salir a la calle. Pensé: está pasando la historia y no puedo mirarla desde el televisor en mi casa. Fui. Después empecé a buscar trabajo, a hacer changas de lo que venía, un día iba en el subte, vi un montón de gente pidiendo plata y pensé qué loco si pidieran laburo.  Estuve un mes pensando hasta que un día me levanté, hice fotocopias de mi curriculum, fui al subte y los repartí a cada uno de los pasajeros de la línea C, entre Diagonal Norte y Tribunales, a las dos y media de la tarde de un martes. Me miraban todos. Les dije que buscaba trabajo que lo que mejor hacía era eso, que se quedaran con el curriculum y que si sabían algo me llamaran. Todo el subte me empezó a aplaudir. Me gritaban: ¡Fuerza nene! Y conseguí laburo así. Fui pegando después otros más grandes y de a poco empecé a salir adelante. Fueron movimientos muy contundentes a nivel estructural mío que tienen que ver con la energía, para donde uno la genera. Si movés, generás.

¿Hombre o mujer?
Eso es absolutamente subjetivo, yo tengo mi visión y vos la tuya sobre lo que es la diversidad. Para mí tiene que ver con vivencias diferentes y con veinte centímetros de diferencia… ¡jaja! . Si sos hombre, una mujer no te va a penetrar, aunque sí puede hacerlo con un cinturonga, con un dedo o con una zanahoria. En el momento del juego la penetración se resuelve, aunque también se puede tener un sexo maravilloso sin penetración. El erotismo no pasa por el culo, por la concha, por la poronga, pasa por un sentir mutuo, por la piel, las caricias, otras cosas. Si no, sería como los perros, vas, la ponés y no existiría todo el resto.
Uno es responsable de lo que elije, de lo que quiere, de sus deseos. Pero cuando te enamorás disfrutás otras vivencias. Desde el momento en que me hago responsable de esa elección, de estar con alguien, compartir básicamente el cuerpo partiendo de que uno es un sujeto, da igual que seas homo, bi o hetero, da lo mismo. Uno se enamora de la persona no de su sexo. Pero uno se enamora de uno mismo, de su sexualidad, la cosa hedonista de ponerse la sexualidad, después el resto. Por eso digo que cada uno debe ser responsable en todos los ámbitos de la vida. En el social, en la pareja, en el trabajo, la intimidad, la sexualidad, la profesión, que son como partecitas de un elefante que somos nosotros. Si yo voy a construir mi elefante de acuerdo a mi sexualidad tengo un elefante así de chiquitito porque la sexualidad es solo una parte. Encerrarse en la sexualidad para definirse, para mí, tiene que ver con una pobreza de espíritu, de vida, como el chabón que vive con la poronga acá y vive con su mujer y se coje veinte minas y es el más banana porque se cojió a dios y a maría santísima. Es una pija caminando, “vamos a divertirnos”, dice. El sexo no es diversión, es placer y no porque uno no pueda divertirse teniendo sexo, pero no es el Parque de la Costa, no es un partido de fútbol. Se comprometen otras cosas y uno lo empieza a diferenciar cuando es un sujeto, no un objeto.
Después está la fantasía del otro. Cuando uno se encapsula y acepta la fantasía social: el puto no puede negarle el culo a nadie,  la lesbiana tiene que ser marimacho, el macho tiene que ser un semental que tiene que ponerla done pueda. El tipo que se mata por ser macho está atado a su sexualidad tanto como el que se mata por ser puto.
Cuando no me conocía como hoy, y no tenía la profundidad para conmigo mismo, tuve un período de agarrarme de lo que podía para definirme, usaba ropa gay, comía comida gay. Necesitaba pertenecer, tener un lugar de pertenencia. Eso es inseguridad. Silo decía que  la ecología ambiental comienza por el ser humano, cuidarse uno para cuidar el medio ambiente. Trasladalo a lo íntimo. Cómo puedo yo levantar la bandera de la igualdad si soy diferente porque soy puto. Ahí hay una contradicción. Pasa en la sociedad esa contradicción. Te preguntan ¿de qué lado estás? ¡Y qué te importa! Ocupate de tu vida,
Están naturalizados. Y ese es el trabajo que hay que hacer: hay que desnaturalizar.  Ahora hay una ley que lo que hace es intentar desnaturalizar. Eso de “paaaabre, es puto”. O “que lástima que no te gustan las mujeres y te gustan los hombres”, pero te da lástima a vos porque querés sentarte acá arriba y no te doy pelota, te lastima a vos que yo no te dé bola.
Yo soy libre, no me defino a través de mi sexualidad, por eso no soy homosexual, no soy bisexual, no soy heterosexual, soy yo y tengo sexo con quien me caliente, con quien me guste y con quien me enamore.

¿Tuviste novias?
Tuve novias. Todas histéricas. En cambio, el hombre es más par, a mí me hace la vida más fácil.  Claro que existen diferencias entre el hombre y la mujer. Somos bien diferentes. Y todos tenemos una parte masculina y otra femenina. Yo me siento más cómodo con un hombre. Hay cosas que son más claras, sobre todo para el peso que significa socialmente ser el hombre en la relación. Muchas minas que conocí diferenciaban eso. Yo quiero algo más igualitario. No encontré a la mujer que tenga esa libertad. Por ejemplo, conocí mujeres que sabiendo mi historial, porque nunca mentí, eran rompebolas. Como me tenía que definir sexualmente, era mayor la fantasía que tenían que la realidad. Si vos no podes tolerar que yo te elijo a vos, estás vos sola con tu fantasía, yo no  existo. En el momento de formar una pareja, el hombre es más fácil. La mujer piensa cuarenta y ocho millones de veces más que el hombre. No por desmerecer el género pero hay una diferencia. El hombre es más llevadero, y como sexualmente me calienta también un hombre, entonces, menos problemas…
   
¿Somos reemplazables?
Es lo mismo que comparar el dulce de leche con la crema. Me gustan los dos. No me gusta una cosa más que la otra. Tienen diferentes gustos, diferentes texturas con particularidades. Una cosa no reemplaza a la otra. De la mujer me gusta el cuerpo, es más estético, me calienta. La concha siempre es receptiva. Existe la cosa fálica “ahí la meto yo”, pero eso lo puedo sentir también con un hombre. Hay tipos que se enamoran de la concha, no de la persona. Yo puedo disfrutar con los dos. Me encanta penetrar y que me penetre un tipo, y penetrar una mina. Nunca me penetró una mina con chiches eso no pasó.
Hay diferencias anatómicas, la diferencia genital, estética, visual, la piel. Me encanta el hombre peludo, la mujer tetona, femenina, no la Luly Salazar, pero que sea masculina en lo independiente, que no se cuelga de las pelotas del marido, que hace su vida, que entiende que tenés tu tiempo y ella el suyo, entender eso es más masculino que femenino.  Pero hay tipos que tienen concha, que son muy receptivos. Como otros que están llenos de represiones y garchartelós es todo un tema, cierran el culo por más que se mueran de ganas.

Julio Bambill es actor y director: “Me encantaría hacer cine, pero si no tenés un minuto de fama no te dan pelota”
http://www.facebook.com/pages/Julio-Bambill/164830463551128?ref=ts&sk=wall

Julio Bambill

Julio Bambill

Ellas son novias - Para Suplemento Soy, de Página/12

ENTREVISTA PUBLICADA EN EL SUPLEMENTO SOY DE PAGINA|12 EL 25/11/2011

 

No todo lo que brilla, brilla


Son novias desde hace un año y nacieron en la era del respeto a los derechos. Aun así, las expulsaron de su equipo de handball por lesbianas, recibieron bromas pesadas en la escuela y el rechazo de sus padres. Para que no se vaya a pensar que todo ha cambiado completamente, Mili y Luli cuentan su historia.



Por María Maratea
Emilia (Mili) y Luciana (Luli) son novias desde hace un año. Se conocieron jugando handball en Vélez, hace cinco, cuando Luli tenía 15 y Mili 18, de donde las echaron por ser pareja. Si bien no existe ninguna regla que diga que dos personas del mismo sexo no pueden tener una relación en cualquier equipo de cualquier deporte, el entrenador les dijo que desde ese momento en que eran despedidas, esa regla comenzaba a regir. Hasta los 18 años Mili tuvo romances con varones con los que nunca llegó a tener sexo. A esa edad tuvo su primer romance con una mujer. Después intentó otra relación con otro hombre pero sentía que lo hacía por su familia. Luli había salido con algunos chicos pero nunca llegó a intimar. Cuando se enteraron de su nueva relación, la echaron de la casa.
Les pregunto si tienen ganas de contar un poco cómo es ser lesbiana a los 20 y a los 23, en una sociedad que no se despojó del todo de sus anacronismos y donde a la vez los nuevos vientos las ponen frente a situaciones donde se pueden sentir contenidas y acompañadas, como el caso del colectivo de la línea 105 que va de Constitución a Retiro. Un día, a las seis de la tarde, cuando se dieron un beso y la señora escandalizada le pidió al chofer que las hiciera bajar, que era un asco, que no tenían vergüenza. “Bájese usted, señora si no le gusta lo que ve” dijo el colectivero. Y con la aprobación de los pasajeros, mientras la señora se apuraba a descender, arremetió: “Déjelas tranquilas, si no molestan a nadie. Déjese de joder, quiere”.
Mili: —Ahora que lo pienso, creo que cuando era chica me llamaban la atención algunas mujeres, pero era un sentimiento siempre reprimido. Estaba saliendo con un chico cuando me empezó a confundir una compañera de teatro. Empezaron los roces, eso que yo llamo contacto innecesario: no tengo necesidad de tocarte pero te toco igual porque tengo ganas de tocarte. Lo dejé a él y empecé a estar con ella. Después me contó que estaba comprometida con otra mujer, con alguien del mismo grupo hacía tres años. Y me rompió el corazón. Para mí ella era muy importante, estuve como ocho horas para darle el primer beso. No dormía, escribía para desahogarme y cuando lo leía me daba bronca y rompía todo. No podía creer haber escrito esas cosas, sentía que no estaba bien lo que estaba haciendo. Cuando me contó que estaba comprometida pero que quería dejar a su novia por mí, me fui. Ella me siguió, me pidió perdón, la dejó a su novia y estuvimos un tiempo juntas. Hasta que me dejó para volver con ella, pero después volvimos otra vez. Fui la segunda durante un año. No sé cómo me siguen gustando las mujeres después de lo que sufrí. Con mi novio, con el que había salido antes que ella, fue distinto. Con un hombre todo es distinto. Es inexplicable, ninguno mejor que el otro. Después intenté salir con otro hombre pero sentí que lo estaba haciendo por mi familia. Si yo pudiera elegir y decir que me gustan los hombres estaría buenísimo, porque se me facilitarían un montón de cosas. Sería bárbaro decir elijo un hombre, me enamoro, me caso, tengo hijos y listo. Pero yo me quiero casar con ella, quiero tener hijos con ella, quiero vivir con ella. Estoy enamorada de ella.

¿Como fue en tu casa?

Mili: —A mi mamá se lo conté justo el día que mi papá se fue de mi casa. Se estaban separando. Sabía que era una situación difícil pero no aguantaba más. Les estaba mintiendo un montón. Fui a su habitación y riéndome de los nervios, le dije “te tengo que decir algo importante”. “Qué, ¿estás enamorada?”. Sí. “De quién, ¿de una mujer? ¿Estás enamorada de Analía?” Sí, le dije. Ya se había dado cuenta de todo. Lo tomó muy mal. “Te vas, te vas de mi cama, te vas de la habitación.” Yo tenía amigas lesbianas, y estaba todo bien con ellas, siempre fue una persona muy abierta mi mamá, es psicopedagoga, pero a partir de mi confesión estuvimos como un año sin hablarnos. Al tiempo me fui a vivir con mi papá.

¿Y con tu papá cómo fue?

—El, incluso hasta el día de hoy, me dice que le parece bien que me acerque con mujeres pero que nunca diga nunca. Lo toma como una etapa. La que acepta todo es mi abuela, que tiene 82 años. Tiene amigos transexuales, que están en pareja con hombres, y todo bien, van a la casa. Mi abuela fue lo más cuando se lo conté. Ella acepta la condición sexual de cada uno.
Cuando se conocieron, para Luli era curiosidad, intriga más que otra cosa. Había muchos mimos entre las dos, tocarse, abrazarse, típico entre amigas. A pesar de la inquietud que le generaba la condición sexual de Mili, y ante sus dos discretos avances, puso excusas. Mili supuso que bueno, que ya estaba. Que serían amigas. Pero le encantaba desde el primer día que la vio. Fueron los “ufa!” en esos mensajes de texto, un día cuando Mili ya se había ido de su casa. Ufa va, ufa viene, arreglaron para que vuelva a la madrugada cuando salía de trabajar, entonces, de un hostel. Tenía que ser a escondidas. La visita podía resultar sospechosa. ¿Qué hace Mili torta en casa a esta hora? A las dos de la mañana Luli abrió la puerta y Mili entró. Se quedaron en la habitación, ahí. Estaba la tele prendida y una de las dos apagó la luz. Se reían. Se miraban. Juego de manos. Solas, frente a frente. Dura. Dura minutos. Se dieron el primer beso. “Uh, la bardeamos” dijo Luli, pero Mili la volvió a besar.
Luli: —Cuando empezamos a salir con Mili yo me la pasaba todo el tiempo en mi habitación. Mi mamá me notaba rara y un día me preguntó si tenía algo para decirle. Como le dije que no, se fue lloriqueando para la cocina y se puso a secar unos platos protestando que le daba mucha bronca que nunca su hija le contara nada. Bueno, ¿querés que te cuente? Primero me dijo que no, pero enseguida me volvió a preguntar. Estoy saliendo con Mili, le dije justo cuando estaba secando el cuchillo grande. “Ah, me lo imaginaba” contestó. Apoyó el cuchillo sobre la mesada y se fue. Qué, ¿te vas a enojar? “No, no me voy a enojar ¿Hace cuánto?” Nunca le dije exactamente para que no se diera cuenta cuando Mili se quedaba a dormir. Tampoco quieren que el novio de mi hermana se quede. Y empezó también con las preguntas: quiénes lo saben, quiénes no. Ella es directora de un colegio religioso, así que quería que nadie lo supiera. Le dije que lo sabían mis amigas y Alejandro, el entrenador de handball, porque en realidad se lo conté a él antes de contárselo a mis papás. Y bueno, quedó ahi. Esa noche nos habíamos juntado con todas mis amigas en la casa de Mili y al día siguiente me despertó el llamado de mi papá preguntándome dónde estaba, que vaya para mi casa. Yo no pensé que mi mamá se lo iba a contar. Se lo había contado en el Tigre, donde mi papá tiene un velero, esperó a estar bien lejos porque si estaba a diez minutos me iba a venir a buscar de los pelos. Fui a casa y esperé que llegaran. Mamá me mandó un mensaje: “No te olvides que papá te quiere”. Cuando llegó me dijo que saliera, que papá me esperaba en el auto para hablar. ¿Qué? Vos venís conmigo, le pedí. Nos subimos al auto y mi papá manejó hasta un descampado, no sé dónde era, pero pensé que me iban a matar. El se puso a gritar que aceptaba lo que me pasaba si yo tuviera treinta años, si había pasado por miles de hombres, pero que no lo aceptaba a mis 20. A los gritos, me decía que cómo podía cambiar a un hombre por una mujer. ¿Cómo podés cambiar la penetración por unos dedos?, me dijo. Es mi elección, contesté, yo elijo. Les dije que estaban pensando en ellos, no en mí, y le saltó la térmica, me gritaba que yo era una descarada, que cómo podía decir eso. Me prohibió ir a Vélez, y como ya nos habían echado le dije que bueno, que me cambiaba de club. Pero mi mamá, que ya sabía, le cuenta que íbamos a ir las dos, con Mili, a otro club. Entonces vas a dejar de ver a Mili, dijo. El siempre pensó que Mili estaba enferma, decía que ya se iba a curar. Para él era una enfermedad. Terminás de estudiar y después te vas de casa, gritó. No, no termino de estudiar, me voy ahora.

¿Y te fuiste?

—Sí, me fui a lo de Mili.Yo estaba por rendir en el profesorado de Educación Física para poder pasar de año. Estaba en segundo. Fue el año pasado, ya había cumplido los 20. Ahora estoy rindiendo las materias que no pude rendir entonces al pasar por todo este lío. A los pocos días mi papá me empieza a mandar mensajes diciendo que yo le hablaba de amor y que el amor no tiene género. De pronto, como que estaba todo bien. No entendía nada. Ni le contesté.
A la semana volví a mi casa. Era: todos nos amamos, somos refelices y al otro día estaban todos enojados. Yo nombraba a Mili por cualquier cosa y me trataban mal. Hasta que les dije que no quería estar más ahí y me fui. Mi mamá no lo aceptó, recién ahora es como que sí, pero en realidad no. Lo que cambió muchísimo es la relación con mi papá. Nos invita a pasear en el velero.
Un día, en el facebook del colegio, de donde la mamá de Luli es directora y donde Luli fue desde salita de cuatro, alguien escribió “la directora no acepta tortas en el recreo porque su hija menor es lesbiana”.
“Respetame diez cuadras a la redonda” gritó la madre. Ahora, bastante más que diez cuadras hay que caminar para llegar a Vélez. El entrenador de handball siempre les había dicho que había que charlarlo todo. Por eso Mili y Luli optaron, por unos problemas que habían surgido en el equipo con otra compañera, contarle al entrenador las buenas nuevas de la relación.
Mili: —Todo surgió por una situación con una compañera del equipo. Yo era la arquera y ella la central del equipo, la que arma las jugadas. Muy heterosexual ella, pero con la que nos habíamos cruzado cada tanto a escondidas. No fuimos novias, pero tuvimos situaciones muy fuertes. Cuando yo me pongo de novia con Luli, ella se pone como loca y empieza a no pasarle la pelota, a esquivarla, y como era líder el resto del equipo la sigue. Decidimos hablar con Alejandro, el entrenador, Alejandro Palacio. Al principio no entendía bien de qué le hablaba, hasta que en un momento dice “¿cómo que estás con Luli?”. Sí, que estamos de novias. Quedó petrificado. Y descaradamente, adelante mío, le dijo “¿vos estás segura de lo que estás haciendo?”. Sí, le dijo ella. “No, no, no, esto necesito procesarlo, necesito pensarlo, es mucha información, es muy fuerte para mí.” A los pocos días le preguntamos qué había pensado y dijo que no iba a permitir que dos personas del mismo equipo tuvieran relaciones sentimentales. Que había hablado con Susana Losada, la supervisora del área deportiva de handball, y que ella avalaba su decisión. Así que la determinación era que nos iba a echar a mí y a la otra chica que había tenido onda conmigo. A Luli no, la quiere mucho a ella, por eso se puso tan mal cuando supo que estaba de novia conmigo.
Luli: —Conmigo tenía muy buena relación, no quería que me fuera. Pero él no entiende que nosotras somos novias y que si no permite a dos personas del mismo equipo estar juntas yo no puedo estar ahí. Le dije, yo me quedo en la B y que Mili vaya a la A, pero tampoco quiso. Entonces decidimos irnos las dos. l
Hoy, Mili y Luli juegan juntas en el equipo de San Antonio de Flores. Viven juntas. Y juntas llevan adelante SoGay Industry, microemprendimiento de colección de ropa y accesorios. Tienen un facebookhttp://facebook.com/SoGayIndustry, y un blog:http://sogayindustry.blogspot.com/